Enseñanzas entre profesores

Enseñanzas entre profesores.




Como cada año, cercana a las festividades, donde dar es más importante que recibir y las canciones se convierten en villancicos por todos lados, los círculos de intercambio se forman y hay que ponerse de acuerdo para que al final todos reciban lo que piensan que merecen, después de dar lo que se acordó, pero para que no suceda lo del año anterior, habrá que especificar, precios, gustos y marcas...

Desde que soy profesor, me he dado a la tarea de preguntarme acerca de lo que significa ser maestro. En un principio pensaba que se trataba de comunicar y explicar algunos temas, según un temario o un plan de estudios. Al recordar las enseñanzas de mi padre, pensaba que enseñar debía ser más que eso. Recuerdo cómo él me platicaba que hace muchos, muchos años los maestros eran un símbolo de confianza, de sabiduría y de paciencia. Eran respetados, escuchados con atención y en algunos lugares hasta adorados.

Cuando tenías alguna incógnita, podías acudir a un maestro y él te orientaba con base a la objetividad; es decir, no importaba si la respuesta no le beneficiaba al él, o no te gustaba lo que escucharas; tampoco se le juzgaba al discípulo  por lo que preguntaba, o si cuestionaba la respuesta entonces se llegaba a un acuerdo a través del diálogo.

Al comenzar este artículo pensaba que la orientación del escrito sería para dar mi opinión acerca de cómo los profesores hoy día, no podemos llamarnos maestros, cuando nosotros no damos el ejemplo a nuestros alumnos, es decir, si nosotros no somos los primeros en no juzgar, en no criticarnos entre nosotros, en no respetarnos... ¿Cómo le pedimos a los alumnos que no lo hagan? Lo que es curioso es que mientras escribo, reflexiono y me doy cuenta que; tampoco puedo escribir esto como si fuera un maestro que trata de evidenciar la pésima conducta de mis compañeros, al no concordar en un precio moderado ante un regalo de intercambio Navideño. Y es que este artículo surgió de una inconformidad, de una decepción al darme cuenta que los profesores con los que convivo, son los primeros en sacar del círculo a aquél profesor que no quiere pagar un regalo de un precio el cual, pareciera ante los ojos de la mayoría, ínfimo, porque como dirían sus propias preguntas --¿Qué te comprarías con ese dinero? Habrá que subir el precio. Cuando miré a mi alrededor, me di cuenta que en su mayoría, los profesores eran de sexo femenino. No quisiera que se me mal interpretara, quiero decir, el punto es; cada una de ellas goza con un segundo sustento en casa. Un marido o un padre que de alguna u otra forma hace que sus vidas sean un poco más tranquilas en el ámbito económico. Mientras que el profesor, al igual que yo, vivimos en solitario. No compartimos las cargas financieras; por lo que al escucharle decir que él se salía del círculo de intercambio, si acaso se elevara el precio del regalo, me hizo comprender de inmediato la situación. Sin embargo me dio tristeza y decepción observar que la mayoría de las féminas generaban ideas y frases que orillaban al profesor a dimitir de pertenecer al círculo.

En fin, no me dejaría intimidar por mis compañeras, además a mí también me incomodaba el precio, y es que después de comprar dos boletos de avión a México para ver a mis padres, y haber tenido que cambiar la fecha de ida, por un error de dedo, lo cual había generado un déficit del 50% del valor de boleto extra, por tal infortunado dedazo; así que en mi mente, empaticé ante la situación del profesor y me ofrecí a ser su compañera de intercambio. Agradezco al profesor que me diera la oportunidad de gastar lo que yo misma puedo, y que así como él, ahora yo también me siento satisfecha de saber que gastaré una cantidad justa a nuestros bolsillos.

Así mismo, le agradezco porque no sólo me dio la oportunidad de escribir esta reflexión, sino que, también me ayudó a darme cuenta de lo mucho que aún como profesor, me falta mucho por aprender; ya que como dije en el segundo párrafo; no hay que juzgar la pregunta o incomodidad del alumno, sino llegar a un acuerdo. Y es que al fin y al cabo ni si quiera entre "maestros" llegamos a la meta. Al final me doy cuenta que nunca llegamos a un acuerdo realmente, sino que simplemente facilité la exclusión del círculo de intercambio no sólo a uno, sino a dos profesores.




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